Hay un nuevo cuco en las batallas en torno a la IA: los llamados "rastreadores fantasma" (stealth crawlers). Lo admitimos: el término suena bastante siniestro. En realidad, no lo es en absoluto.

Los "rastreadores fantasma" son simplemente herramientas automatizadas que acceden a datos públicos de la web y los recopilan sin revelar la identidad de quien los usa. Este tipo de rastreadores privados hace posible todo tipo de trabajo valioso para el público, desde el periodismo de investigación hasta la investigación académica y la protección en ciberseguridad.

El rastreo anónimo hace posibles algunos de los usos más beneficiosos de la web abierta.

Aun así, muchos medios de noticias buscan desenmascarar a estos rastreadores, e impulsan nueva legislación que les daría poder para hacerlo. Estas propuestas amenazan la web abierta, la privacidad de las personas usuarias y la investigación de interés público, sin resolver de fondo los problemas que dicen combatir.

Y lo preocupante es que están ganando terreno. La legislatura del estado de Nueva York ya aprobó una de estas leyes, la Ley de Protección contra Rastreadores Fantasma de Nueva York, que ahora espera la firma de la gobernadora Hochul. Es probable que veamos proyectos similares en otros estados, e incluso en el Congreso, lo que representaría un golpe serio para la web abierta y todo lo que esta aporta.

Vale la pena proteger el rastreo anónimo

El rastreo anónimo permite algunos de los usos más beneficiosos de la web abierta. Periodistas, investigadores y otros grupos de vigilancia ciudadana recurren a herramientas automatizadas sin identificar para reunir la información necesaria y así exigirle cuentas a las instituciones poderosas, en beneficio del público.

Buena parte del periodismo de investigación depende de esto. The Markup, un medio sin fines de lucro, usó rastreadores anónimos para investigar posibles prácticas anticompetitivas de grandes tecnológicas, como la tendencia de Amazon a priorizar sus propias marcas y productos exclusivos por encima de la competencia mejor calificada. Sus rastreadores se presentaban ante los servidores como navegadores Firefox comunes, lo que le permitió al medio ver los resultados de búsqueda de Amazon tal como los vería cualquier persona usuaria. De forma parecida, ProPublica simuló ser una persona compradora común para revelar que el sitio dirigía a la gente hacia productos más caros en lugar de alternativas más económicas.

El rastreo anónimo también es clave para los profesionales de ciberseguridad, que monitorean la web en busca de señales que ayuden a prevenir ataques. Herramientas de privacidad como Blacklight, o nuestra propia Privacy Badger, funcionan de la misma manera: rastrean sitios de forma anónima para identificar rastreadores de seguimiento (trackers) sin comprometer la privacidad de quienes navegan.

Sin la posibilidad de rastrear de forma anónima, es probable que muchas de estas herramientas terminaran bloqueadas. Los sitios ya bloquean, de hecho, a rastreadores operados por investigadores, periodistas y activistas que los critican. Facebook, por ejemplo, cerró las cuentas de investigadores que usaban herramientas automatizadas para estudiar la desinformación en su plataforma, y les exigió retirar la investigación que ya habían publicado. Y son muchos los sitios que bloquean cualquier acceso automatizado que no haya pagado por el derecho a rastrear páginas públicas.    

Desenmascarar rastreadores pone en riesgo la web abierta

Los medios de noticias —y sus aliados en el gobierno— argumentan que desenmascarar a los rastreadores es necesario para proteger a las organizaciones periodísticas de la carga técnica que genera el rastreo asociado a la IA, y por el temor de que esta reduzca su tráfico y sus ingresos publicitarios. Son preocupaciones legítimas.

Pero imponer restricciones amplias y reactivas al acceso automatizado no es la respuesta correcta. La legislación dirigida contra el rastreo anónimo pone en riesgo la web abierta, la privacidad de las personas usuarias y la investigación de interés público, sin atender realmente los daños tecnológicos ni económicos que dice buscar resolver.

La legislatura de Nueva York aprobó recientemente la Ley de Protección contra Rastreadores Fantasma de Nueva York, que convertiría en delito rastrear sitios de noticias sin revelar quién opera el rastreador y todos los usos futuros que se le darán a los datos recopilados. La ley también le daría a los sitios web la facultad de solicitar órdenes judiciales para desenmascarar a cualquiera que use un rastreador no identificado, sin necesidad de presentar ninguna evidencia de que haya cometido una infracción.

Leyes como esta van mucho más allá de la IA y no resuelven de forma significativa los daños tecnológicos ni económicos que supuestamente buscan atender. Al darles a los medios poder de veto sobre el acceso público legítimo, este tipo de políticas frena el rastreo beneficioso: no solo bloquea a los malos actores, sino también a profesionales de seguridad, investigadores, disidentes, o simplemente a cualquiera que no haya pagado por una licencia para ver texto público. Es un golpe innecesario a la internet libre y abierta.

Los medios digitales —como la mayoría de los sitios web— enfrentan retos tecnológicos reales en la era de la IA. El rastreo web existe desde hace décadas, pero con el auge de la IA los rastreadores hoy recopilan muchísimos más datos que antes, lo que empuja a los servidores cerca de su capacidad máxima. Cuando algunos bots recopilan información de forma demasiado agresiva, pueden llegar a saturar los servidores y degradar el rendimiento del sitio. Pero el problema de fondo no es el anonimato, así que desenmascarar rastreadores no lo va a resolver. El verdadero problema es el rastreo excesivamente agresivo, y ese sí puede atenderse con medidas técnicas dirigidas a esa conducta específica, sin sacrificar el acceso anónimo a la información.

Un mejor camino a seguir

Existen alternativas mucho menos dañinas para proteger a los medios de los perjuicios que estas leyes contra "rastreadores fantasma" dicen combatir. Atender los daños del rastreo asociado a la IA requiere políticas dirigidas específicamente a las causas del problema, no leyes que, como estas, terminan socavando la libertad de expresión y la web abierta sin resolver nada de fondo.