Flock Safety —el proveedor de tecnología de vigilancia más conocido por su extensa red de lectores automáticos de placas— dio marcha atrás y anunció que cancelará el piloto de sus dispositivos de detección acústica de disparos diseñado para identificar señales de "angustia humana".
...la presión pública a veces logra que tanto las empresas como las autoridades que controlan las arcas de una ciudad abandonen o dejen de invertir en productos dañinos...
En octubre de 2025, EFF advirtió al público sobre una nueva función que Flock estaba lanzando, llamada "Distress Detection" (Detección de Angustia), implementada a través de sus dispositivos de detección acústica de disparos —antes conocidos como Flock Raven, ahora llamados Audio Detection. La función usaría micrófonos de alta potencia distribuidos por toda una ciudad para detectar sonidos de angustia humana; los primeros anuncios del producto hablaban directamente de detectar "gritos". (Después de la publicación de nuestra entrada original, Flock modificó en silencio el anuncio en esta página y cambió "gritos" por "angustia").
Ahora Flock publicó una entrada de blog en la que explica que, "tras una cuidadosa consideración y consulta con la comunidad, decidimos eliminar la función". Era hora.
Lo dijimos cuando se anunció el producto y lo repetimos ahora: esta función era peligrosa y estaba mal concebida, tanto por las preocupaciones de libertades civiles que planteaba como por el riesgo de convocar a policías armados ante cualquier interacción ruidosa en la calle. Además, en varios lugares este tipo de espionaje sería directamente ilegal bajo las leyes estatales sobre intervención de comunicaciones.
Alzamos la voz frente a esta función desde el primer momento, sin callarnos. De hecho, Flock llegó a mencionar nuestras críticas a Distress Detection en un intento por rebatir nuestra postura sobre la vigilancia masiva que habilitan sus productos.
Pero que hayan suspendido Distress Detection no significa que estos micrófonos de alta potencia ahora sean seguros ni que hayan dejado de preocuparnos. La detección acústica de disparos sigue siendo una tecnología peligrosa y frecuentemente poco precisa, que ya ha causado daños reales: en Chicago, por ejemplo, llevó a que la policía disparara contra niños que encendían fuegos artificiales. La propia Flock lo reconoce: "Ningún sistema acústico es perfecto, y no pretendemos afirmar lo contrario". El problema es que la policía respondiendo a una situación donde cree que hay armas de fuego activas es un escenario de altísimo riesgo como para depender de tecnología que se sabe imperfecta —y peor aún, para seguir fabricándola, vendiéndola y desplegándola. Los dispositivos de Flock, además, escuchan mucho más que disparos: sus propios materiales de marketing admiten que también detectan "disrupción comunitaria", categoría que incluye amenazas "no violentas" como carreras callejeras improvisadas o fuegos artificiales.
El fracaso de Distress Detection deja varias lecciones sobre el estado actual de la vigilancia policial. La primera: que una empresa sea grande y esté bien financiada no garantiza que cumpla con las leyes locales de privacidad antes de lanzar nuevos productos al mercado. La segunda: tanto las empresas como la policía suelen justificar la adopción de tecnología invasiva argumentando que servirá para combatir los delitos más graves, pero luego aprovechan esa misma infraestructura ya desplegada para darle nuevos usos, sin buscar realmente el consentimiento ni la aprobación del público. Que unos micrófonos pensados para detectar disparos terminen usándose para detectar gritos es exactamente el tipo de expansión progresiva de funciones que ya hemos visto en otras tecnologías de vigilancia, incluidos los propios lectores de placas de Flock. Y la tercera: la violencia armada es un problema demasiado serio y complejo como para pretender resolverlo con una sola pieza de tecnología, sobre todo una tecnología defectuosa. Se ha vuelto demasiado fácil que la policía y los gobiernos municipales caigan ante los discursos de venta de las empresas tecnológicas, que prometen resolver toda la delincuencia, en lugar de asumir el trabajo difícil de atender las causas de fondo de los problemas sociales. Mientras tanto, esa misma tecnología termina generando más problemas y riesgos para las comunidades que quedan cubiertas por la vigilancia policial.
Igual que hemos visto a personas de todo el país organizarse contra los contratos de lectores de placas de Flock en sus comunidades, este caso confirma que la presión pública a veces logra que tanto las empresas como las autoridades que controlan las arcas de una ciudad abandonen o dejen de invertir en productos dañinos. Que Flock haya decidido cancelar "Distress Detection" para voces humanas es una victoria.









